Sr. D. Jaime Mougán Rivero

Delegado Provincial de Educación y Ciencia

Sevilla

 

 

 

Estimado Sr.:

 

He conocido, con sorpresa y dolor, la decisión de la Consejería de Educación de no conceder a la inspectora de educación Dña. Isabel Álvarez Álvarez, la Medalla del Mérito a la Educación, a título póstumo. Desconozco los motivos por los que la propuesta presentada por tantos profesionales y colectivos no se ha tenido en cuenta. Sin embargo, algo me dice que será difícil encontrar, por mucho que lo intentemos, alguien, dentro de la educación andaluza, que acumule tantos merecimientos para ello.

 

Quizá la Consejería ha estimado que una Medalla a título póstumo no entra en la línea de este galardón. Si es así, tendría que  haber considerado una circunstancia fundamental: la herencia de Isabel Álvarez (sé que ella hubiera apeado el tratamiento) no se ha terminado con su muerte. Es una forma de entender la escuela que sigue patente en muchos de nosotros; es una visión del trabajo escolar que, lejos de haberse ido con su marcha, se acrecienta día a día en todos los que aprendimos de ella y crecimos profesionalmente a la luz de sus extraordinarias ideas.

 

Señor Delegado, seguramente usted ha defendido con ímpetu esa candidatura, pues, mejor que nadie, como representante de la educación en Sevilla, debía conocer sus méritos, su legado y lo que representa para muchos de nosotros. Seguramente su defensa no ha surtido efecto. Esto produce pena en quiénes hemos apoyado el nombre de Isabel Álvarez para ese galardón, pues nos presenta una Administración Educativa poco cercana a la sensibilidad y al sentido de quiénes hacemos cada día la educación en Andalucía. Por desgracia, este sentimiento tiene muchas ocasiones para hacerse visible y este es uno de ellos. Si todavía no hemos perdido la confianza en nuestra tarea es, quizá, porque la orientamos a nuestros alumnos, quienes, pase lo que pase, merecen lo mejor de nosotros mismos. Así lo entendía también Isabel Álvarez, cuya entrega hasta el final a la causa de la educación andaluza merecía mejor respuesta por parte de aquellos que más apoyo tenían que procurar a los profesionales libres y decididos que, incluso en los momentos de crisis, han decidido que hay que seguir adelante, a pesar de todo.

 

Señor Delegado, tenga por presentado, con este escrito, mi testimonio de tristeza y perplejidad, por la decisión tomada.

 

 

                                                               Catalina León Benítez

Profesora de Geografía e Historia y de Psicología-Pedagogía

 

 

 

 

Sevilla 14 de junio de 2007